Pese a los esfuerzos de un gran número de operadores jurídicos, jueces, abogados y mediadores, entre otros, la mediación no termina de implantarse con éxito en España o al menos no al ritmo que sus convencidos promotores esperan.

Las razones que se aducen se agrupan entorno a factores que tienen que ver con la necesidad de extender las virtudes de la mediación entre la ciudadanía como procedimiento alternativo, más rápido y menos costoso de resolución de controversias en el que son los propios usuarios quienes asumen la responsabilidad de sus acuerdos. También se plantea la necesidad de incorporar la mediación al proceso judicial, ya una realidad en un buen número de sedes judiciales, aunque hasta ahora los resultados han sido decepcionantes, tanto en número de derivaciones, como en procedimientos de mediación iniciados o en el resultado final de estos procedimientos, desde el punto de vista de los acuerdos alcanzados.

Es recurrente el argumento de la falta de “cultura de mediación” en España, en comparación con otros países, para justificar el escaso alcance de esta práctica en nuestro país. En el presente artículo se analiza desde una perspectiva cultural los desafíos que la mediación, específicamente la mediación familiar intrajudicial, debe afrontar y que tienen mucho que ver con la forma en que la cultura dominante en España se aproxima al conflicto.

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